¿Conocés el pacto entre el pombero y el monte?

​En Corrientes, el sol no solo quema; también vigila. Cuando el calor aprieta y el silencio se vuelve tan espeso que parece que la tierra dejara de respirar, los antiguos dicen que el monte cobra vida. No es un pájaro, ni es el viento entre los espinillos. Es él: el Karai Pyhare, el Señor de la Noche, o como todos lo conocemos con un hilo de voz, el Pombero.

​El susurro que nació del monte

​Cuentan los que saben que su origen se pierde en la espesura del tiempo guaraní. Su nombre, derivado de Po mberu (mano de mosca), delata su esencia: es un ser de movimientos imperceptibles, capaz de rozarte la piel sin que sientas más que un escalofrío.

​No nació de un útero humano, sino de la necesidad de la naturaleza por defenderse. Se dice que es el protector de la fauna y la flora; un duende retacón, velludo y de pies con pelos tan largos que apagan el sonido de sus pisadas. Algunos aseguran que sus pies están al revés para despistar a quien intente seguir su rastro entre los esteros.

​El guardián de la ética del campo

​A diferencia de otros espantos, el Pombero no es puramente malvado; es un juez de monte adentro. En Corrientes, la leyenda cobró fuerza como el guardián del equilibrio:

  • El castigo: Si un cazador mata más de lo que puede comer, o si un hachero derriba un árbol joven sin necesidad, el Pombero se encarga de «extraviarlos». Los silbidos que imitan a las aves los llevan hacia lo más profundo del pajonal hasta que pierden el juicio.
  • La siesta sagrada: Para los niños correntinos, el Pombero es el dueño de las horas prohibidas. Quien se atreve a salir a cazar pajaritos con la gomera cuando el sol está en lo más alto, corre el riesgo de ser atrapado por sus manos de manos de mosca.

El pacto de la caña y el tabaco

​La relación del correntino con el Pombero es de respeto y conveniencia. Muchos paisanos aún mantienen vivo el pacto de medianoche. Si querés que cuide tus animales, que tus cultivos prosperen o que nadie entre en tu propiedad, debés ganarte su amistad.

​»Se le deja un poco de tabaco, un chorrito de caña o miel sobre un tronco durante treinta noches seguidas. Si aceptás el trato, no podés fallar. El Pombero es el mejor de los amigos, pero el más rencoroso de los enemigos».

​El misterio sigue vivo

​Hoy, en la era de los celulares y el asfalto, el mito persiste. En los parajes alejados, cuando se escucha un silbido agudo que parece venir de todas partes y de ninguna, nadie responde. Nunca se le contesta el silbido al Pombero, porque es invitarlo a entrar.

​Corrientes sigue siendo esa tierra donde lo invisible tiene peso. Y mientras haya un monte en pie y una siesta que respetar, el «Señor de la Noche» seguirá merodeando, cuidando que el hombre no olvide que aquí, el verdadero dueño siempre fue el monte.